El artista reflexiona sobre una trayectoria marcada por la curiosidad material y la relación entre la pintura y la escultura. Para él, ambas disciplinas no son actividades separadas, sino formas distintas de crear «objetos» en el espacio; mientras que la pintura le permite explorar la gama infinita del color, la escultura lo desafía a través de la limitación y la manipulación del espacio físico.
Su proceso es fundamentalmente visual y experimental. Se describe como alguien que no trabaja de forma conceptual ni predeterminada, sino que permite que la obra atraviese una «metamorfosis» durante su creación. De hecho, afirma que a menudo solo descubre qué ha esculpido una vez que la pieza está terminada, comparando este proceso más con una conversación que con una lección magistral.
