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Siete pecados capitales | El arte de los muertos

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El título original de este film, el que aparece en pantalla al inicio y al cierre, es «Seven Deadly Sins» (que describe exactamente de qué se trata) sin embargo, en Estados Unidos la vendieron como «Art of the Dead», un nombre genérico y ganchero típico de estrategia de marketing que no tiene relación alguna con la trama ni aparece mencionado en el guion. Esto ya nos indica desde el comienzo, la poca fé que le tenían a esta película. Otro dato interesante: los pósters y carátulas del film ponen en primer plano a actores con participación mínima o directamente anecdótica en la trama. Estrategia típica del cine barato: nombres y caras reconocibles como anzuelo, aunque su peso real en el guion sea nulo. Un espejo involuntario del propio tema del film: el valor de venta de una imagen no tiene por qué guardar relación con lo que hay detrás.

La premisa es, en el fondo, una fantasía de venganza contra el mundo del arte contemporáneo disfrazada de slasher sobrenatural: una familia adinerada de Las Vegas compra en subasta benéfica una colección de siete cuadros (cada uno un animal que encarna un pecado capital) sin saber que su autor, Dorian Wilde, pactó con el diablo en 1891 para lograr la inmortalidad a través de su obra. A partir de ahí, cada miembro de la familia queda poseído por el pecado que le toca en suerte según qué pared decoró el cuadro correspondiente.

Es cine camp de manual, presupuesto de menos de medio millón de dólares, actuaciones amateur, efectos especiales que dan verguenza, y un tono que nunca decide si quiere que te rías con la película o de ella. Esa es justamente su virtud, asume con orgullo su condición de cine clase B, sin pudor de sutileza, en la tradición del horror independiente que se permite el exceso, el sexo explícito y el gore artesanal sin pretensión de prestigio.

Lo más interesante no es el argumento sino cómo la película toma al pie de la letra todos los lugares comunes sobre el mundo del arte que normalmente funcionan como metáfora: el mecenas que compra por estatus, el crítico que «no entiende el verdadero arte», el artista atormentado que necesita «sangre, sudor y lágrimas», el pacto fáustico como versión sobrenatural del compromiso que exige el éxito. Todo eso, que en otras ficciones sobre arte queda en el plano simbólico, acá se resuelve con litros de sangre. El exceso de humor, sexo y gore se disfrutan más cuando la película más se entrega a su propia ridiculez.

Veredicto de lalulula
Esta peli precisamente me gusta por lo tan MALA que es, tal vez la peor en todo el archivo, y se merece un lugar entre mis favoritas.
Calidad de entretenimiento
3.2
Grado de absurdo
6
Niveles de sátira
2.1
Impacto emocional
0
Dosis de originalidad
2.3
Lo positivo
- Nada más entretenido que el total absurdo.
Lo negativo
- Todo.
2.7

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