«Age of Consent» cuenta la historia de un pintor con crisis de mediana edad, Bradley Morahan (James Mason), desconectado de sí mismo y de su arte. Habiendo tenido éxito, se siente sin rumbo y sin pasión. Su solución es mudarse a una pequeña choza en la costa de la Gran Barrera de Coral (Australia) e intentar renovar su interés por la pintura y, finalmente, por la vida misma. Encuentra una joven muy linda llamada Cora Ryan (Helen Mirren), que es una adolescente (17 años). Cora es dulce pero decidida, que anhela escapar de su paraíso no idílico en el que está controlada por una abuela ingrata y borracha. Bradley hace un trato con ella para comprarle el pescado que atrapa y los pollos que roba para ganarse la vida. Bradley convence a Cora de posar para él desnuda y la pinta. Rápidamente surge una relación entre artista y musa, que generaría una buena dosis de tensión sexual si Bradley no fuera completamente ajeno a las segundas intenciones de Cora.
Esta es la primer película en la que participa una muy joven Helen Mirren (tenía 22 años) y que la catapulta a la fama, no solo por su actuación sino por la abundancia de su piel desnuda en pantalla. A pesar de la liberación sexual de los años 60s, la desnudez íntegra en el cine allá por el año 1969 resultaba un asunto escabroso. Desestimada por la mayoría de los críticos y con una distribución limitada y con escenas censuradas, la película permaneció en el olvido durante décadas.
Cora parece inicialmente una fantasía sexual masculina, una sirena de exuberante figura que vende conchas marinas a la orilla del mar, pero para nuestra sorpresa, el film elude el tema de un hombre mayor que explota a una mujer joven. Con su título potencialmente lascivo (clickbait) y extensas escenas de desnudez, el film podría haberse convertido fácilmente en una película erótica para viejos verdes, pero en realidad es bastante inocente y ambigua.
A pesar de la energía cómica de la película, el problema es que nunca encuentra una identidad definida. ¿Es pornografía sofisticada disfrazada de cine de autor? ¿Un sueño post-Gaugin, sin las connotaciones coloniales y raciales? ¿Una comedia sexual absurda con un asesinato fortuito? ¿Un vídeo promocional de la Gran Barrera de Coral Australiana? A pesar de su naturaleza caprichosa, la película luce espectacular, termina de forma abrupta, y resulta ser una de las representaciones más incómodas del deseo no correspondido jamás filmadas.

