Dezzy es una pintora de Los Ángeles que lleva meses sin terminar una obra. Su agente la dejó, debe el alquiler y la galería espera una tela que no llega. Una droga sintética le devuelve la inspiración, y una segunda sustancia, más oscura, empieza a cambiarle el cuerpo y el apetito. La película, filmada en 16 mm y a ritmo de ataque sensorial, sigue durante unos pocos días su caída y su productividad, que resultan ser la misma cosa.
Bliss (2019) parte de una ecuación vieja: la obra exige un pago, y el pago es el cuerpo del artista. La adicción funciona como coartada narrativa perfecta, porque ofrece a la vez dos relatos que se contradicen. Según el primero, el artista es víctima: la sustancia lo domina, no elige. Según el segundo, la sustancia es la herramienta que desbloquea el genio, y entonces el consumo es una decisión estratégica. La película no resuelve esa tensión y se beneficia de no hacerlo. Dezzy es a la vez enferma y profesional, y el espectador puede perdonarla por lo primero y admirarla por lo segundo.
Acá está lo más interesante, y es una lectura que la película permite más de lo que busca. Antes de cualquier transformación, Dezzy ya vive a costa de los demás. Evade al casero, desprecia a quien la espera, trata a su pareja como un obstáculo y usa a su círculo para conseguir lo que necesita. El vampirismo no la convierte en otra cosa, le pone nombre a lo que hacía. Desde ahí, la figura del artista se parece menos a la del mártir que a la del predador: alguien que necesita materia ajena (tiempo, dinero, cuerpos, paciencia, afecto) para producir, y que considera que la obra futura le da derecho a tomarla. La película sabe que el público tolera eso en nombre del talento. Es el viejo contrato por el cual al genio se le perdona lo que a cualquiera se le cobraría, y Bliss lo vuelve explícito al sacar la violencia del terreno de lo simbólico.
Bliss no revela nada nuevo sobre la creación artística, pero hace visible el pacto tácito entre el mito romántico y la industria cultural. Se premia al artista que se consume, y se mira para otro lado cuando lo que consume son los demás.
