El ícono estadounidense detrás del museo Guggenheim, se convirtió en el arquitecto más grande del siglo XX, no solo por su magnífico talento, sino también por ser un maestro del espectáculo y de la autopromoción. La magnitud de la carrera de Lloyd Wright, más de 450 edificios en 70 años, es asombrosa en sí misma, pero su historia esconde mucho más que el mito romántico que reveló su autobiografía.
Este documental explora las obras visionarias de Lloyd Wright y revela cómo su vida estuvo plagada de períodos de devastadora crítica, caos financiero, chismes románticos y un asesinato violento, aunque poco conocido. Trata la vida de Wright como una telenovela con edificios de por medio: escándalo, tragedia, reinvención personal, todo construido con la misma lógica melodramática con la que Wright construyó su propio mito. El problema es que el documental compra esa lectura casi sin distancia: se apoya en la autobiografía del arquitecto como fuente, a sabiendas de que es en gran parte un acto de relaciones públicas, y termina reproduciendo el mecanismo que dice estar analizando, el genio-narcisista al que «las reglas normales no se le aplican», sin poner nunca en tensión esa equivalencia entre talento y comportamiento. Es la misma coartada moral que después aparece en tantas ficciones sobre artistas.
Como material de estudio funciona bien, buena investigación, buen archivo, pero como pieza sobre la mirada mediática del arte es, sin proponérselo, un caso de manual: un relato que idolatra a su sujeto mientras cree estar desmitificándolo.
