Jonathan Meades explora cómo el fascismo italiano, bajo Mussolini, abrazó el futurismo como su estética tecnófila y beligerante, en contraste con la arquitectura onírica y mortal de Giorgio de Chirico. Mientras los futuristas promovían la máquina y la guerra, las plazas metafísicas de De Chirico revelaban una «ciudad de los muertos» que el régimen materializó en monumentos como el EUR, espacios donde el culto a la muerte se convirtió en la esencia del poder.

