Las películas y performances de Sullivan, que provocan ansiedad, revelan hasta qué punto los gestos cotidianos y los estados emocionales están guionizados y representados, indagando en la frontera entre el comportamiento innato y el aprendido. Bajo la dirección de Sullivan, los actores realizan saltos aparentemente erráticos, casi convulsivos, entre gestos y estados emocionales, todos ellos siguiendo un guion ensayado y numéricamente determinado.
Inquietante y desorientadora, la obra de Sullivan oscila entre lo siniestro y lo kitsch, suscitando una profunda crítica del comportamiento «aceptable» en la sociedad actual, saturada de medios de comunicación. Un torbellino de referencias e influencias que abarcan desde el vodevil hasta el cine negro y la danza moderna, la apropiación que hace Sullivan de estilos cinematográficos clásicos, vestuario de época y espacios contemporáneos (como oficinas corporativas) desvía la atención del espectador de las narrativas tradicionales hacia un examen de la propia performance.

