Obra sin autor

Werk ohne Autor (también conocida en inglés como Never Look Away  y en español como La sombra del pasado o Nunca apartes la mirada ), se apoya en momentos decisivos de la narración en la biografía del pintor estrella alemán Gerhard Richter. A lo largo de sus tres horas de duración, el espectador conoce su trayectoria. Su niñez transcurre durante la Segunda Guerra Mundial en Dresde, su querida tía lo introduce en el mundo del arte y visita una exposición de “arte degenerado”, el nombre que los nazis daban al arte moderno y extranjero.

No solo es posible rastrear la biografía de Richter, sino que hay personas concretas con las que se puede trazar un absoluto paralelismo. El director y guionista no duda en ensayar su propia parodia sobre la creación artística, se ceba en la Kunstakademie de Düsseldorf y en la figura distorsionada de Joseph Beuys; toma en vano autores y referencias, cambia realidad por invención y ante la duda, siempre opta por la composición más enternecedora. A veces, el disparate lleva a lo ridículo.

Pero “Obra sin autor” es, sobre todo, cine histórico. Una película sobre los crímenes nazis y sobre las doctrinas artísticas y la burocracia política de la RDA, pero también sobre el arte de la Alemania occidental, sobre Beuys y la abstracción. “Creo que toda gran obra de arte es una demostración de que es posible trasformar un sueño en algo positivo”, dice el director en referencia a una afirmación del propio Richter. Cuando al artista le preguntaron dónde reside el poder del arte, Richter respondió que la palabra “poder” no es la correcta, porque, para él, “el arte no tiene ningún poder, está ahí para consolar”.

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