Todo lo que veo es mío

Marcel Duchamp, vivió en Buenos Aires nueve meses entre 1918 y 1919. El misterio rodea a esa visita: no se sabe bien por qué vino, a qué se dedicó ni por qué se fue antes de lo previsto. Esta suerte de leyenda urbana real es el germen ideal para una ficción que imagine cómo fueron los días de uno de los artistas más influyentes del siglo XX en este rincón del mundo.

Pero Mariano Galperín y Román Podolsky no intentan reconstruir los pasos porteños de Duchamp en términos realistas, sino que trazan un paisaje a la medida del personaje. Es decir: surreal, onírico, lúdico, en blanco y negro y en estricto francés, como para potenciar el efecto de extrañamiento. El único anclaje documental está dado por las cartas que escribe. Allí, Duchamp expresa sus contradictorios sentimientos hacia Buenos Aires: de la admiración inicial pasa al desprecio.

Muchas gracias a los autores de este film que quisieron compartirlo con todos nosotros.

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