Paraíso encontrado

Nadie discutirá que el exilio autoimpuesto de Paul Gauguin en Tahití o la Polinesia Francesa en 1891 tuvo el mayor de los efectos en su pintura, y en la historia del arte. En su Paraíso encontrado, Gauguin se reinventa a sí mismo con toda la belleza natural y los habitantes de Tahití, y se deja llevar por su impulso artístico.

Pero esta biopic, siendo fiel a su género, no puede evitar romantizar el gesto bastante egoísta de abandonar todo por su «necesidad» creativa,  haciéndolo parecer casi como un «adicto»… y dejando de lado moralismos (como el hecho de que abandonó por completo a su esposa y cuatro hijos de manera muy irresponsable, o peor aún, su vida sexual en la Polinesia Francesa con niñas nativas jóvenes, muy jóvenes menores de edad, sería hoy considerada un acto criminal por el cual sería encarcelado) a favor de un discurso sumamente hedonista, y hasta colonial,  donde todas sus acciones se justifican con la vieja escusa de ser un «genio».

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