Klimt

Este bio-pic muy poco convencional comienza con el pintor (interpretado por John Malkovich) agonizando en un sanatorio de Viena, al que acude a visitarle uno de sus jóvenes admiradores, Egon Schiele (Nikolai Kinski). Todo lo que sigue puede interpretarse como una rememoración alucinada de su vida por parte del agonizante en la que se mezclan los recuerdos y las ensoñaciones

La historia arranca en el pabellón austríaco de la Exposición Internacional de París de 1900, donde Klimt es galardonado con una medalla de oro por su obra. Allí conoce al mago del cine Méliès, que le presenta a Lea de Castro. La bailarina encarna a la musa de sus sueños así como a su ideal erótico y sus deseos carnales. También conoce al misterioso «Secretario de Estado», que a lo largo de la película hostiga la inestable cordura del artista. El director Raúl Ruiz muestra el enfrentamiento de Klimt con las autoridades austríacas y con la alta sociedad vienesa (obtuvo reconocimiento en París pero el desprecio en Viena, su ciudad natal), surgido a raíz de las pinturas «escandalosas» del artista y que desemboca en un dramático incidente en el que Klimt roba del edificio de la Secesión de Viena sus cuadros incautados por el Estado, que finalmente se ve obligado a comprar para evitar el encarcelamiento. Klimt vivió la vida igual que la pintó. Tuvo romances con sus modelos y musas, relaciones de las que nacieron 30 hijos aproximadamente.

La aproximación del cineasta chileno Raoul Ruiz a Klimt y su universo, las identidades de los protagonistas, los hechos que les conciernen, su entorno, no vienen definidos por una estructura lineal, objetiva y unívoca, sino a través de complejos meandros psicológicos y argumentales que sumen las ficciones en un territorio ambiguo, en el que el espectador debe orientarse sin apelar a las herramientas de la narrativa tradicional.

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