El muro y el machete

«Hace diez años yo había soñado con pintar este mural», dice Diego Rivera a un reportero. Tiene ante sí noventa metros cuadrados de pared en el salón de conciertos de la Escuela Nacional Preparatoria, «El generalito », donde comienzan a aparecer las primeras monumentales figuras de cuatro metros de alto que formarán parte del mural La Creación. Rivera dirá más tarde: «A pesar del esfuerzo por expresar en los personajes la belleza genuina mexicana, se resiente aún en su ejecución y aún en su mismo sentido interno, de influencias europeas demasiado fuertes». Pero las figuras en la pared crecen, y lo que haya en este primer mural de fracaso se ve desbordado por lo que tiene de victoria. Rivera ha convencido al gobierno surgido del golpe de Agua Prieta en 1920, el que sería el último enfrentamiento militar de una revolución que ha durado diez años, de que abra sus muros a los jóvenes pintores.

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