CRAVAN VS. CRAVAN

Arthur Cravan ha sido uno de los principales olvidados de la historia del arte del siglo XX. Se llamaba en realidad Fabian Avenarius Lloyd y era sobrino de Oscar Wilde. Fue poeta dadaísta y también boxeador, tal vez pintor, viajero compulsivo, ladrón, falso marchand, maestro de la invectiva y provocador magistral, quizás la única actividad que Arthur Cravan desarrolló insistentemente a lo largo de su vida fue la del escándalo. Desde joven, mostró su espíritu rebelde, inconformista y transgresor, y decidió crear y promover su propio personaje, siguiendo las consignas de su tío, a quien consideraba su padre espiritual. Según Wilde, la naturaleza imita al arte, y Cravan decidió hacer de su propia vida una obra artística.

“Aceptémonos múltiples”, decía Cravan. Y el director de Cravan vs. Cravan se vale de un alter ego, Frank Nicotra, que realiza una investigación siguiendo las huellas del personaje. Pero Nicotra, además de director de cine, también es boxeador y escritor, da carnadura al fantasma y funciona como alter ego de Cravan. Cravan imita a Wilde y Nicotra y el film imitan a Cravan.

¿Cómo construir una representación cinematográfica si la propia existencia real de Arthur Cravan ha sido, es y será puesta en duda?  Sin embargo, no es éste un falso documental, sino un film ensayo que instala la incertidumbre acerca de la veracidad. En Cravan vs. Cravan, lo real y lo virtual se cruzan, se intercambian, hasta no poder discernir el carácter de la imagen, que deja de lado la intención de verdad y se ha transformado en un hecho creativo. Ejercicio lúdico, polifacético, sobre las maneras de ser múltiple, o varias personas a la vez. Para decirlo con palabras de Cravan: “Soy todas las cosas, todos los hombres, todos los animales”.

Más sobre este film > aquí

Muchas gracias a Franciso Toquica, que nos recomendó este film.

 

Compartir

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.